Se siente raro, lindo y doloroso a la vez. Tanto tiempo y uno se desacostumbra a esas pequeñas sensaciones que nos provoca la vida a veces. Uno cae y se levanta tantas veces, intenta aprender de cada caída y encontrar la forma de que no sea tan dolorosa la próxima vez. Pero siempre hay alguien que encuentra ese punto débil aunque lo escondamos de mil maneras. Ese coma emocional en el que nos metemos y estamos tranquilos, o eso es lo que creemos. Pero la verdad es que cuando se trata del corazón, las emociones están fueras de nuestras manos.